Las Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ENT)

Durante siglos, las principales amenazas para la salud fueron las infecciones. Se desarrollaron medicaciones, vacunas, tratamientos, y lentamente fueron cediendo. Peste negra, gripe española, viruela, poliomielitis, tuberculosis, fueron amenazas que pese a diezmar a la humanidad pudieron contenerse.

Sin embargo, el mundo enfrenta desde hace décadas un nuevo desafío: contener el crecimiento de las enfermedades crónicas no transmisibles. Estas enfermedades no son contagiosas y evolucionan lentamente, pero su peligrosidad no es por ello menor: cada año matan a más de 36 millones de personas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Las ENT –como la obesidad, la diabetes mellitus, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, los accidentes cerebrovasculares y algunos tipos de cáncer- son causas cada vez más importantes de discapacidad y muerte prematura en los países desarrollados y en transición. En países como Argentina, por ejemplo, suponen una carga adicional para unos presupuestos sanitarios nacionales ya sobrecargados.

Existen cuatro principales grupos de ENT:

• Enfermedades cardiovasculares

• Cáncer

• Enfermedades respiratorias crónicas (EPOC, asma y otras)

• Diabetes

Estas enfermedades encuentran su causa en factores de riesgo no modificables (tales como edad, sexo o antecedentes familiares), y en otros que sí pueden modificarse:

  • Tabaquismo
  • Inactividad física
  • Alcoholismo
  • Alimentación inadecuada

Algunos números

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS),

  • El tabaco se cobra casi 6 millones de vidas cada año (más de 600 mil por la exposición al humo ajeno), y se prevé que esa cifra habrá aumentado hasta 8 millones en 2030.
  • El 12% de todas las muertes de adultos mayores de 30 años, se debe a causas relacionadas con el tabaquismo.
  • De todas las muertes que ocurren en el mundo cada año, se estima que el 5,9% es atribuible al consumo de alcohol. Esto significa que produce más muertes que el VIH/SIDA (2,8%), la violencia (0,9%) o la tuberculosis (5,9%).
  • Aproximadamente 3,2 millones de defunciones anuales pueden atribuirse a una actividad física insuficiente.
  • Aproximadamente 1,7 millones de muertes cada año a nivel mundial, son atribuibles a un bajo consumo de frutas y verduras.
  • El aumento de la presión arterial lleva al 16,5% de las muertes a nivel mundial.
  • El aumento de glucosa en sangre (diabetes) produce 6% de las defunciones.
  • El sobrepeso y la obesidad producen el 5% de las muertes.

¿Por qué estos factores aumentan el riesgo de ENT?

La mala alimentación, el sedentarismo, el tabaquismo y el alcoholismo llevan a cambios metabólicos y fisiológicos que aumentan el riesgo de padecer hipertensión arterial, sobrepeso/obesidad, hiperglucemia (niveles elevados de glucosa en sangre), hiperlipidemia (niveles altos de lípidos en la sangre, colesterol).

Está demostrado que el cese del consumo de tabaco, la reducción de la sal de la dieta, el consumo de frutas y hortalizas, la actividad física regular y la evitación del consumo nocivo de alcohol reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El riesgo cardiovascular también se puede reducir mediante la prevención o el tratamiento de la hipertensión, la diabetes y la hiperlipidemia.

Es por ello que para prevenir las enfermedades crónicas no transmisibles se recomienda abordar los factores de riesgo modificables desde distintos enfoques: la promoción de la salud, la comunicación y educación para la salud, el desarrollo de marcos regulatorios del tabaco, el alcohol y la industria alimenticia, y la atención de la salud, por ejemplo. El propósito de estas estrategias es no sólo que las personas accedan a información de calidad para cuidar su salud, sino también –fundamentalmente- que cuenten con entornos que faciliten ese cuidado.

De ahí surge, también, la importancia también de contar con equipos multidisciplinarios para abordar tareas tan complejas como las mencionadas anteriormente. En cuanto al equipo de salud, es importante que esté capacitado en los principales lineamientos relacionados con la identificación de factores de riesgo, las intervenciones más efectivas y las estrategias orientadas a prevenirlos y controlarlos. Para ello se requiere un trabajo articulado entre el Estado, las instituciones de salud, el equipo de salud y la sociedad civil.